Presentación
Allá por 1895 nacía el que Ricciotto Canudo ((En 1911, Canudo publicó su manifiesto "El Nacimiento del Séptimo Arte". Es considerado como el primer teórico del cine, al que clasificaba como una de las "artes plásticas en movimiento". El término "séptimo arte" fue usado por él por vez primera)) bautizaría como "séptimo arte", el cinematógrafo. Pocos podían imaginar que el finisecular ingenio técnico-artístico nacido de la mano del hombre ejercería en lo sucesivo tal influencia sobre el imaginario colectivo. Tan es así, que, a tenor de ésta, Thomas Alva Edison llegaría al convencimiento de que la película acabaría reemplazando al libro tras declarar en una ocasión:
"Estoy gastando más de lo que tengo para conseguir un conjunto de 6.000 películas, a fin de enseñar a los 19 millones de alumnos de las escuelas estadounidenses a prescindir completamente de los libros." (Thomas A. Edison, 1912).
En la actualidad, el Cine, debido a su cualidad estético-conceptual y al valor testimonial que posee como documento histórico, ha adquirido, además, la categoría de herramienta didáctica, pues a través del análisis histórico-fílmico, podemos escrutar las pulsiones de una sociedad en un momento dado. No en vano, al decir del teórico del cine José Mª Caparrós Lera:
"El film es una fuente instrumental de la ciencia histórica, ya que refleja, mejor o peor, las mentalidades de los hombres de una determinada época. Además..., las películas pueden ser un medio para enseñar Historia. ((CAPARRÓS LERA, José Mª. 100 películas sobre Historia Contemporánea. Alianza Editorial. Madrid, 2004.))"
Asimismo, el cine de ficción no está reñido con el cine de no-ficción en lo que a su valor histórico atañe. Ambos nacen con vocación histórica, aunque, en el primer caso es implícita y en el segundo, explícita, al menos, en apariencia, porque, a decir verdad, la frontera entre sendos géneros es cada vez más tenue. Aparte de Sigfried Krakauer ((Sigfried Krakauer es autor de un polémico ensayo sobre el cine de la República de Weimar publicado en 1947 bajo el título De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán. Según su tesis, Krakauer creyó atisbar en el cine expresionista alemán el germen del nazismo.)), Boleslaw Matuszewski ((En marzo de 1898, Boleslaw Matuszewski sugirió, por primera vez, instalar un archivo destinado a alojar las futuras colecciones del Historia del Cine en la Biblioteca Nacional de Francia o en su defecto, en el Museo de Versalles. Aunque su propuesta fue tomada como un colosal disparate, se erigiría en adelante como el primer promotor de la historia del séptimo arte.)) o el insigne inventor, Thomas Alva Edison, el primer especialista en el estudio de la Historia a través del Cine es el historiador de la escuela de Annales Marc Ferro ((Marc Ferro es el impulsor del estudio de la Historia a través del Cine y, en especial, del estudio de las mentalidades. Robert A. Rosenstone -para quien el filme es una fuente de información primaria-, Marc Ferro y Pierre Sorlin son los mejores embajadores del género)). Gracias a todos ellos, se ha ido desarrollando una corriente historiográfica que ha permitido admitir que "el arte de las imágenes fílmicas es un testigo implacable de la Historia, un testimonio a tener en cuenta, tanto como medio para la investigación como material para la enseñanza de esta asignatura o interdisciplinaria con otras." ((Ídem, nota 2, pág. 20.)) Por todo lo expuesto hasta aquí, CineHistoria se propone retratar esquemáticamente la Historia del Mundo Contemporáneo y el Cine del siglo XX, porque sin él el arte y la cultura quedarían huérfanos.
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El fin de una era
El crepúsculo de la Edad Moderna es el preludio de la Ilustración ((Con un criticismo "kantiano", la "ilustración" sembró de incertidumbre los fundamentos ideológicos, morales y religiosos del Antiguo Régimen. En efecto, el siglo XVIII, también conocido como el "siglo de las luces" contraponía la razón a la superstición o el escepticismo al dogma eclesiástico. En la misma línea, cuestionaba, además, la legitimidad del absolutismo político, la sociedad estamental y el atavismo impuesto por la tradición.)), el estallido de la Revolución industrial y el advenimiento de incipientes potencias económico-políticas. La Revolución industrial supuso el tránsito de una sociedad agraria a una sociedad industrial y urbana, consolidó el capitalismo y el poder de la burguesía y engendró una nueva clase social: el proletariado. Asimismo, las ideas de los filósofos franceses ((También conocidos como "Les philosophes", uno de cuyos antecesores fue John Locke, quien, animado por la revolución inglesa de 1688 -tras la cual, parte del poder real se transfirió al parlamento-, defendía la restauración del "contrato social" como medio para demoler el absolutismo y cualquier otra forma arbitraria de gobierno. En este sentido, el filósofo inglés sostenía su particular crítica al poder absoluto en estos términos:
"Al ser los hombres, como ya se ha dicho, todos libres por naturaleza, iguales e independientes, ninguno puede ser sacado de esa condición y puesto bajo el poder político de otro sin su propio consentimiento (...) Al unirse los hombres por vez primera en sociedad, todo el poder de la comunidad reside naturalmente en la mayoría." LOCKE, John. Segundo tratado sobre el Gobierno Civil, 1690. Op. cit.)) fueron rápidamente asumidas y escamoteadas por la burguesía, que necesitaba instaurar un nuevo orden jurídico-político para ocupar mayores cotas de poder con el fin de controlar y desarrollar su propia actividad económica. El crecimiento económico de las sociedades más industrializadas creó la necesidad de buscar nuevos mercados y yacimientos susceptibles de ser explotados, lo cual dio origen al Imperialismo, caracterizado por el expansionismo territorial y la hegemonía política subsiguiente.
La eclosión humanístico-científica en que desembocó la Ilustración, emana del racionalismo ((Doctrina filosófica que sostiene que la realidad es comprensible a través de la razón.)) y del empirismo, ((Doctrina filosófica que toma la experiencia como única base de los conocimientos humanos.)) del imperio, pues, de la razón sobre la fe frente a cualquier forma de imposición ideológica, religiosa o moral. Ávidos de conocimientos y deseosos de difundirlos entre profanos y no tan profanos, los ilustrados no sólo alimentaron con sus tertulias el intercambio de impresiones en confortables salones de corte aristocrático, sino que estimularon, además, la venta de libros y de periódicos, con el consiguiente desarrollo de la opinión pública ((Durante el siglo XIX se fueron configurando las que hoy conocemos como "corrientes de opinión pública", germen de los partidos políticos. Las numerosas tertulias y la aparición de periódicos contribuyeron a ello. En Gran Bretaña se fundó el primer periódico diario en 1702, y en 1780 ya existían 188 publicaciones de diverso tipo. El Journal de París fue, desde 1777, el primer diario nacional francés, y en 1789 se publicaban en Francia 169 títulos.)). Los diferentes campos del saber fueron reunidos en "La Enciclopedia" (("La Enciclopedia" era un compendio de los conocimientos que hasta esa época se habían alcanzado, pero también proponía una crítica de las instituciones políticas y de las ideas religiosas, y un rechazo de los dogmas, de la autoridad y de la tradición.)), dirigida por Diderot y D'Alembert, que se abrió camino cómodamente entre las sociedades científicas de toda Europa. Animados por tal alud de conocimientos, los monarcas ilustrados crearon centros de saber experimental, como museos, observatorios o jardines botánicos, al tiempo que se fomentaban las expediciones científicas. Por si no fuera suficiente, Voltaire, Montesquieu y Rousseau, principales adalides del movimiento, establecerán algunos de los más sólidos principios sobre los que se asienta la democracia actual. De entre ellos, Montesquieu (cuya doctrina inspiró la Constitución norteamericana de 1787 y la mayoría de las constituciones europeas del siglo XIX) es el más valorado, puesto que formuló la teoría de la división de poderes ((La concepción política que tenía Montesquieu era, pese a todo, sensiblemente diferente a la actual, pues sostenía que el poder debía estar en manos de los que entonces eran, supuestamente, los mejor preparados: los aristócratas.)):
- Poder legislativo: encargado de elaborar leyes, recae en el Parlamento.
- Poder judicial: encargado de administrar la justicia, debe estar en manos de jueces y tribunales.
- Poder ejecutivo: destinado a hacer que la ley se cumpla, debe estar encarnado en el Gobierno.
Con todo, Mientras que Voltaire ((Voltaire fue, además, el primero que difundió en Francia las ideas de Locke y de otros autores ingleses.)) propugnaba la popularización de la educación como motor del progreso, Rousseau definía el Estado democrático como la suma de todas las voluntades individuales que, unidas por el contrato social, originan la voluntad general como fundamento de la soberanía y de la ley. Por su parte, la investigación científica estimuló el avance técnico, hecho que coadyuvó al desarrollo de los medios de producción con el desencadenamiento de la Revolución Industrial.
La Revolución Industrial
La Revolución Industrial, que se desencadenara en Inglaterra para extenderse, posteriormente, al resto de Europa y a países como Estados Unidos o Japón, tiene como detonantes el exponencial progreso técnico -espoleado por las teorías científicas que se formularon durante la Ilustración-, además del efecto económico que concitará la práctica del liberalismo político. ((Doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural.)) Asimismo, parte del capital amasado por mercaderes y terratenientes se destinará a la construcción de fábricas ((A partir de entonces, el viejo taller artesanal y el sistema de producción dispersa conocido como putting-out system quedan relegados a un segundo plano, puesto que los diferentes procesos productivos convergirán en la fábrica.)), cuyo incremento atraerá masivamente a la población rural, fenómeno que acarrea, a su vez, un movimiento migratorio del campo a la ciudad y de unos países hacia otros ((Es en este contexto -en el que el aumento exponencial de la población se percibe como una amenaza-, cuando se divulgan las primeras tesis sobre sus efectos. En este sentido, Thomas Malthus advertía en su obra Ensayo sobre el principio de la población (1798) que el crecimiento ilimitado de la humanidad podría poner en peligro su propia supervivencia al agotar los recursos naturales disponibles.)). En las ciudades prolifera la de mano de obra barata: el proletariado, una nueva clase social que ofrece su trabajo a cambio de un salario. La actividad económica es frenética, la inversión crece ilimitadamente y las economías más industrializadas se preparan, en consecuencia, para la conquista del mundo.
El motor del cambio se atribuye al vapor, fuente de energía que reemplazará el taller por la fábrica, la yunta por la segadera o el caballo percherón por la locomotora ((Todas esas transformaciones no se produjeron por autogénesis, sino por efecto de un giro político decisivo. En el campo, la apertura del mercado mediante el reparto de las tierras comunales (enclosures) estimuló la explotación capitalista del cultivo, lo que redundó en beneficio de los grandes propietarios y en perjuicio de los pequeños. De entre estos últimos, tras ser desposeídos de las tierras que habían habitado y trabajado como usufructuarios, unos adquirieron pequeñas propiedades mientras que otros emigraron a la ciudad en busca de trabajo.)). Así fue cómo la artesanía dio paso a la industria ((No todos los sectores industriales se desarrollaron al mismo compás. El primero en hacerlo fue el sector textil, como consecuencia de la prohibición de importar tejido de algodón de la India. Tanto el incremento de la producción algodonera como las restantes transformaciones agrícolas suponen una presión sobre el resto de sectores productivos como también, sobre los transportes. A la revolución agrícola le seguirá la siderúrgica, que contribuye a la extracción de hierro y carbón para la fabricación y expansión del ferrocarril y la introducción de mejoras técnicas en la navegación. Evolucionan, pues, el transporte terrestre y el marítimo, mejoran las comunicaciones y, consiguientemente, se expanden los mercados.)): James Watt introdujo el engranaje en la maquinaria fabril y George Stephenson inventó la locomotora a vapor. El ferrocarril y el barco de vapor, medios de transporte más evolucionados, acortarán distancias y darán pábulo a la prospección de nuevos yacimientos económicos cuya explotación subsiguiente incrementará la inversión de capital. Fruto de ese vertiginoso proceso de transformación económica, nace el capitalismo. El nuevo modelo económico se caracteriza por la producción industrial en cadena -cuyo clímax será el taylorismo ((Método de organización del trabajo que persigue el aumento de la productividad mediante la máxima división de funciones, la especialización del trabajador y el control estricto del tiempo necesario para cada tarea.))- y la concentración de capitales en pocas manos -distribuidos entre trusts ((Grupo de empresas unidas para monopolizar el mercado y controlar los precios en su propio beneficio)) y cárteles ((Convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial)) y amparados por Sociedades Anónimas y Bancos-.
Un nuevo orden
De toda esa vorágine de cambios surgió un nuevo orden mundial al que la sociedad hubo de adaptarse rápidamente. Burgueses y proletarios alterarían la tradicional división de clases, que dejaba de estar al servicio de una encorsetada jerarquía basada en la casta ((La desigualdad de derechos la determinaba la pertenencia a uno de los tres estamentos en que la sociedad estaba dividida: la nobleza, el clero y el pueblo, que en Francia se denominaba "Tercer Estado". El alto clero se reclutaba entre la nobleza, y sus miembros disfrutaban de los privilegios inherentes a estos últimos. El resto de la población (casi la totalidad) estaba formada por burgueses, artesanos, comerciantes y campesinos. Los sectores más acomodados pugnaban por la igualdad de derechos, lo que contravenía los intereses de la nobleza, que se resistía a perder sus seculares privilegios.)). Sin embargo, lejos de disminuir, el abismo entre ricos y pobres aumentó exponencialmente y en el mejor de los casos, se mantuvo igual. El maquinismo, cuya máxima expresión -como ya hemos señalado anteriormente- será el taylorismo, provocará la aparición de nuevas e irreconocibles reacciones conductuales como la alienación, trastorno mental que el Cine ha sabido recrear con sumo acierto ((Las reiterativas convulsiones que se adueñan de Charlot denotan que el operario fabril es un eslabón más de la cadena de producción, y, como tal, corre el peligro de ser devorado por la máquina, peligro al que él mismo sucumbirá.)). Tal es el caso de Tiempos Modernos (Charles Chaplin, 1936), filme que, por otra parte, denunciaba, no sólo las infrahumanas condiciones a las que estaban condenados los extenuados trabajadores de las fábricas, sino también, las tácticas de represión de las que harán uso los Estados más poderosos para sofocar cualquier revuelta social que pudiera poner en peligro los intereses de lobbies de reciente aparición. ((Grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses.)) A fin de evitar tal amenaza, la expurgación ideológica será en adelante una práctica constante. Así, el librepensamiento se tomará por subversión, que, por su propia naturaleza, podrá ser constitutiva de delito, lo que traerá consigo condena y represión. En el filme de Chaplin, se identifica intencionadamente, comunismo con sedición, pues la reivindicación colectiva de derechos sociales y civiles así se suele interpretar ((Escenas como la de Chaplin como cabecilla abanderando una protesta laboral y su posterior acusación de comunista así lo confirman.)). En otro orden de cosas, no es menos cierto que la posterior aparición de la clase media será la prueba fehaciente de que es posible el ascenso social. Poco a poco, pues, la Edad Moderna toca a su fin. Nace, en su lugar, una nueva era ((La agonía del Antiguo Régimen asalta el poder cuando una minoría de intelectuales decide revelar al mundo una gran estafa: nadie es propiedad de nadie pues todos son dueños de sí mismos. El miedo que causa la verdad, se expresa mediante estados de opinión envenenados, como el que recoge la actriz Glen Close cuando sentencia en Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1988), que la mayoría de los intelectuales son estúpidos. Así y todo, el proceso de cambio que empieza a operarse en la sociedad parece imparable. Las veleidades cortesanas, -impregnadas, en muchas ocasiones de una sensualidad de "sádica" inspiración- o el irredento regalismo, que se resuelve con la definitiva separación entre Iglesia y Estado tras el estallido de la Revolución Francesa (con la aprobación de la Constitución Civil del Clero), son certeramente recrados en el filme. Asimismo, el arte y la cultura como coartadas del "voyeurismo" retratan la decadencia de una sociedad que se regodea en el fariseísmo religioso o se engríe en la contemplación de representaciones teatrales, operísticas o literarias, en un gesto que demuestra que el entretenimiento está al servicio de la aristocracia, el único sustrato social con potestad para controlar el pensamiento)).
Estados Unidos... Un horizonte muy lejano ((El título "Un horizonte muy lejano" hace referencia al filme homónimo dirigido por Ron Howard en 1992 y protagonizado por Tom Cruise y Nicole Kidman. El filme evoca, a su vez, el Oklahoma land rush, una orden del Gobierno que decretó la ocupación libre de tierras en Oklahoma entre los años 1889 y 1890. El episodio al que dio lugar ha sido recordado por el Cine, aunque, todo sea dicho, no con mucha profusión. No obstante esto, Howard, en un alarde de patriotismo, rinde tributo a las tesis del historiador Frederick Jackson Turner, quien, en 1893, publicó una obra académica sobre la influencia de la "frontera" en la memoria colectiva estadounidense, que identifica la conquista del Oeste con la victoria de la civilización sobre la barbarie.))
Aunque la doctrina del "destino manifiesto" aún distaba de alojarse en la conciencia colonial estadounidense, bien es verdad, que, en otro orden de cosas, las Trece Colonias británicas de Norteamérica sí estaban consagradas, por el contrario, a segregarse de la metrópoli para, posteriormente, proclamar su independencia, toda vez que para ello recibirían el apoyo de Francia y de España, aunque más adelante la "Doctrina Monroe" blindara a la reciente nación de toda intervención extranjera, incluidos sus iniciales compañeros de campaña. George Washington fue quien encabezó a los sublevados gracias a cuya empresa, tras la firma de la Paz de Versalles ((El Tratado de París o Tratado de Versalles se firmó el 3 de septiembre de 1783 entre Gran Bretaña y Estados Unidos y puso fin a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Francia, por su parte, recupera Tobago, Santa Lucía y el Senegal, mientras que España recobra Menorca, la Florida y algunos territorios en Honduras, aunque no Gibraltar. Para Gran Bretaña, la pérdida de las Trece Colonias de América del Norte representa el declive del Imperio atlántico. Para los colonos simboliza la independencia del exterior, pues, a partir de ese momento, abandonaban su condición de súbditos para abrazar la de ciudadanos.)), nacería una nueva nación: los Estados Unidos de América ((A pesar de la polémica que concitó el estreno de El nacimiento de una nación (David W. Griffith, 1915) -una apología del Ku Klux Klan desnuda de complejos-, la obra es un valiente fresco del nacimiento de Estados Unidos. Para muchos es América (1924) la que, sin embargo, más se aproxima a este episodio de la historia americana.)). Pero, parafraseando a Jack el destripador: "Vamos por partes" ((Vid. el filme Jack el destripador (Robert S. Baker, 1959)). Desde el siglo XVII trece colonias poblaban la costa atlántica de Norteamérica de norte a sur. Sus habitantes eran, en su mayoría, puritanos y católicos ((Los primeros habitantes de la región fueron los llamados "padres peregrinos" (en inglés, Pilgrim Fathers). La denominación de "padres peregrinos" designa a los puritanos que huían de las persecuciones religiosas promovidas por el rey Jaime I. Los primeros asentamientos puritanos se establecieron tras atracar el Mayflower en Plymouth (Massachusetts) en 1620.)). En el Norte estaban Nueva Hampshire, Massachusetts, Connecticut, Rhode Island, Nueva York, Nueva Jersey, Delaware y Pensilvania, donde las principales actividades económicas eran el comercio y la industria. Las colonias del Sur eran Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. Su economía se basaba en las grandes plantaciones de algodón, tabaco y arroz, cultivadas por esclavos negros. ((Fue en esos ingratos latifundios donde el alarido del esclavo africano concibió el jazz, cuyo origen geográfico se remonta a la Luisiana de finales del siglo XVIII)). Las notorias diferencias económicas condicionarán, como veremos, las relaciones entrambos, pues la emancipación territorial no afirmó el sentimiento de unidad del joven pueblo estadounidense, función que sí ejerció la asimilación que sufrió el Sur agrícola por parte del Norte industrial tras la única guerra civil que ha enfrentado mutuamente a los hijos del tío Sam.
Causas de la Guerra de la independencia. De camino hacia la libertad
Causa común a los sucesivos estallidos sociales que se han desencadenado durante el transcurso del tiempo, es la carestía económica. No pocos de ellos desembocan en una revolución, al entenderse como tal, la subversión del orden establecido o la sedición colectiva. Ahora bien, para que se dé por cumplida esta última circunstancia, la sublevación se debe regir por una doctrina diseñada para la instauración de un nuevo orden. ¿Cuáles fueron las causas de la independencia norteamericana?. Es indudable que las monarquías europeas, además de toda una constelación de posesiones coloniales, difícilmente pudieron sustraerse al influjo del pensamiento ilustrado, pues éste promovía el reformismo económico, ideológico, político, religioso y social. Muchos de los libertadores que encabezaron procesos de emancipación territorial, exportaron la estela de ideas que la Ilustración preconizaba. No es de extrañar, pues, que el miedo congénito de la clase alta a ser destronada del poder suscitara la creación de "cordones sanitarios", allí donde la penetración ideológica se estimaba más permeable. Si a todo ese alud de tendencias, unimos, además, factores como la presión fiscal que la metrópoli ejercía sobre sus colonias, máxime, si éstas no eran de explotación, sino de poblamiento ((A diferencia de las colonias de explotación, las colonias de poblamiento eran aquellas que estaban pobladas por colonos procedentes de la metrópoli. Por el contrario, el fin del establecimiento de las colonias de explotación no era la ocupación, sino la explotación de sus recursos naturales.)), ya contamos con los ingredientes suficientes para que estalle una revuelta social, puesto que sus habitantes no tardarían en tomar conciencia de que poseían la capacidad de gobernarse a sí mismos sin la tutela del Imperio y, menos aún, de una adusta monarquía que en nada les iba. Desde sus orígenes, los colonos norteamericanos fueron las víctimas propiciatorias de los grandes dispendios que la metrópoli dilapidó en gravosas contiendas continentales, cuyo más preciado botín fue el control hegemónico de ultramar. Pero la supremacía británica en el Atlántico estaba llegando a su fin. La política autoritaria del rey Jorge III y sus ministros, así como la imposición de gravámenes desproporcionados acabaron por colmar la paciencia de sus súbditos americanos, quienes, durante la celebración del Segundo Congreso Continental enviaron al monarca la siguiente declaración: "Ha abandonado nuestro Gobierno.. Ha asolado nuestros mares, devastado nuestras Costas, quemado nuestras ciudades, y destruido nuestras vidas" ((Vid. http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_III_del_Reino_Unido#Guerra_de_la_Independencia_de_los_Estados_Unidos)). Pronto se iba a producir una escalada de protestas que coronarían en la consabida Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. De entre todas ellas, las más destacadas fueron las que se oponían a la Revenue Act ((La Revenue Act o "Acta del azúcar" era un impuesto que gravaba la exportación de melaza para la elaboración de bebidas espirituosas, en especial, de ron. Como consecuencia de esta medida, no sólo disminuyó la competitividad del sector, sino que aumentó, por contra, el ya habitual contrabando colonial.)) (1764) y a la Stamp Act ((La Stamp Act o "Ley del timbre", gravaba el papel legal. Tanto ésta como la anterior fueron revocadas, pero la espiral de despropósitos no se detuvo, pues la monarquía implantó una ley a posteriori la "Ley Declaratoria", que obligaba a las colonias a respetar la legislación británica.)) (1765). Además de estos injustos impuestos, las Townshend Acts ((El desdoro del que estaba siendo objeto el comercio colonial por efecto de este impuesto, que tasaba las importaciones americanas, y de los anteriores, se representa en el blindaje económico, al entenderse como tal el hecho de que la actividad industrial seguía siendo de titularidad británica, lo que exacerbaba al empresariado autóctono que, en justicia, reclamaba poder ejercer su potestad sobre la economía local.)) de 1767, agravaron la tensión que ya dominaba a la población de las colonias. Pero la gota que colmó el vaso, si se me permite la expresión, fue el Motín del té de Boston ((El "Motín del té de Boston, del inglés Boston Tea Party, fue un acto de protesta en el que se lanzó al mar todo un cargamento de té. El descontento provenía de la creación de un nuevo impuesto sobre las importaciones, que afectaba a productos como el té. La monarquía británica pretendía, de este modo, castigar a los colonos americanos, quienes, para boicotear a la Compañía Británica de las Indias Orientales compraban té procedente de Holanda.)) (1773) en protesta contra los impuestos que continuaban gravando el té. Ese episodio se considera el verdadero detonante de la guerra.
Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América
El 5 de septiembre de 1774 se celebraba en Filadelfia el Primer Congreso Continental. Allí se dieron cita los delegados de las 13 colonias de Nueva Inglaterra para redactar una Declaración de Derechos y suspender el comercio con Inglaterra en tanto no se restablecieran los derechos anteriores a 1763. Tras el primer desencuentro entre las milicias americanas y las tropas reales en el poblado de Lexington en lo que se consideró como un acto de traición a la Corona, el 18 de abril de 1775 se declaraba la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América. Durante la celebración del Segundo Congreso Continental, se eligió a George Washington, un rico plantador de Mount Vernon (Virginia) para dirigir a los sublevados. A pesar de luchar contra los americanos "leales" y las tribus indias aliadas de los británicos ((En especial, las dirigidas por el líder mohawk Joseph Brant, que se había segregado de la Nación iroquesa para brindar su apoyo a los británicos.)), Washington contó desde un principio con un número de 17.000 mercenarios. Con todo, la lealtad que estos últimos le profesaban no habría sido suficiente para contener el avance de las tropas británicas, de no recibir el apoyo militar de dos potencias en declive como entonces eran Francia y España. El 4 de julio de 1776, se proclamaba la Declaración de Independencia ((Publicamos aquí un extracto de la misma: "Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre ésos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuandoquiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios... declaramos: Que esta Colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados Libres de Independientes...")) de los recién constituidos inicialmente como 13 Estados Unidos de América ((Véase Revolución (Hugh Hudson, 1986), melodrama romántico tras cuyo trasfondo -la defensa de la familia tradicional- se esconde un encendido tributo al nacimiento de Estados Unidos, como se evidencia en la evolución que experimenta su bandera, inicialmente presidida por la Union Jack, y, posteriormente, por las trece primeras estrellas, lo que nos sitúa cronológicamente entre el 2 de enero de 1776 y el 14 de junio de 1777. No pasan inadvertidos otros episodios históricos como la promulgación de la Ley Declaratoria, la colaboración entre insurgentes e indios, la convocatoria del Segundo Congreso Continental o la divulgación de la Declaración de Independencia.)). La oportunidad de tan épico episodio ((Épico por cuanto que la historiografía estadounidense oficial lo concibe como el punto de partida de la construcción de una nación, idea huésped del imaginario colectivo estadounidense.)) quiso que su redactor, Thomas Jeferson, formulara solemnemente la primera declaración de los derechos del hombre bajo el lema Life, Liberty and the pursuit of happiness ("Vida, libertad y búsqueda de la felicidad"). En 1777, Benjamin Franklin, primer embajador de los Estados Unidos, emprende en París una campaña en favor de la causa americana, a la que pronto se unen Francia y España ((España intervendrá en la Guerra de la Independencia en virtud del Tratado de Aranjuez a partir del 12 de abril de 1779.)). En 1780, tropas francesas, a las órdenes de Rochambeau, desembarcan en Rhode Island. Finalmente, tras la batalla de Yorktown en 1781, la victoria se resuelve en favor de los americanos ((En 1787, se aprueba la Constitución de Estados Unidos de América. El lugar elegido por su significado histórico es Filadelfia. Dos años después, George Washington asume el poder como primer presidente de la recién constituida nación. Un nuevo pueblo echaba a andar y en aras de una incipiente prosperidad económica basada en un exponencial desarrollo industrial, comercial y financiero. No en vano, las tesis de Montesquieu surtieron efecto. Se consagró el principio de la división de poderes: el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial, cuya encarnación fue la creación de una república federal. Vid.: http://es.wikipedia.org/wiki/Constitución_de_los_Estados_Unidos_de_América)). Los ingleses deponen las armas. Acaba de nacer una nación ((No obstante esta decisiva victoria, Gran Bretaña no reconocerá oficialmente la independencia de los Estados Unidos, hasta la firma de la Paz de Versalles de 1783.)).
Al grito de: "¡A la horca el Rey Jorge!", en El patriota (2000), Mel Gibson hace apología del republicanismo estadounidense que, a diferencia del que caracteriza a las naciones que orbitan alrededor de la Commonwealth ((La Commonwealth no sólo es una mancomunidad de naciones, sino un mercado común orquestado por la corona británica que aspira a velar por la supremacía económica y política del mundo anglosajón.)), nunca fue siervo de la realeza. El filme es, además, una oda al patriotismo, interpretado como el único camino hacia la libertad a la que sólo puede aspirar un pueblo capaz de decidir su propio destino. Sobradas son las referencias a la Guerra de la Independencia. Carolina del Sur en 1776 y Yorktown en 1781, delimitan el espacio cronológico de la diégesis, mientras que otros acontecimientos se adueñan de la intrahistoria del reparto de la trama. Entre ellos, el Segundo Congreso Continental celebrado en Filadelfia (Pennsylvania), donde se expone la "campana de la libertad", cuyo tañido pudo oírse el 8 de julio de 1776, para disponerse los ponentes a la lectura de la Declaración de Independencia. Asimismo, el Rey Jorge III y Cornwallis también son sometidos a juicio. El monarca, por ahogar con sus impuestos a los colonos; el comandante, por asediarles en el campo de batalla. La caída de este último y sus tropas en Yorktown sentencia la independencia de los Estados Unidos ((Con todo, no debemos permitir que nos obnubile tan optimista visión de conjunto, pues lo cierto es que de no ser por la ayuda de Francia y de España, los milicianos difícilmente habrían podido vencer a los casacas rojas. Washington, consciente de la limitada logística con la que contaban él y sus tropas, no pudo por menos que recurrir a la ayuda del eje franco-español, al que más tarde, también se sumaría Holanda.)). En la cinta, la libertad se significa en la obtención de la independencia y en la abolición de la esclavitud, pues, aunque fue Lincoln quien la decretó, Gibson establece como precedente histórico la promesa que hiciera Washington de declarar libertos a los soldados negros que se enrolasen durante doce meses en el Ejército Continental. Pese a tan extraña mezcla de patriotismo y libertad, un relato aparentemente tan folletinesco como El patriota nos retrotrae a un momento histórico trascendental, motivo suficiente como para ver el filme, no sin hacer un ejercicio de análisis cinematográfico exento de impurezas, licencias o anacronismos inclusive.
Cronología de la Revolución Americana
- 1765. Stamp Act (ley del timbre). La monarquía británica grava con nuevos impuestos a las colonias.
- 1773. Motín del Té, en Boston.
- 1774. En el primer congreso de Filadelfia se redacta una declaración de derechos y se decide suspender el comercio con la metrópoli.
- 1775. Estalla la Guerra de Independencia Americana.
- 1776. Se firma en Filadelfia la Declaración de Independencia de las trece colonias.
- 1783. Paz de Versalles. Final de la guerra. Gran Bretaña reconoce a los Estados Unidos.
- 1787. Congreso de Filadelfia, que redacta la primera constitución moderna de la historia.
Una revolución amenaza con estallar
Las asimétricas relaciones de clase -cuya adhesión estaba indisolublemente identificada con el linaje-, las vetustas estructuras del poder encarnado por la monarquía absoluta ((El Rey, que se creía imbuido de un atávico derecho divino a ejercer como tal, encarnaba el despotismo ilustrado, cuya máxima era: "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo", un alarde de paternalismo para con sus súbditos inspirado en una suerte reformismo que no renuncia, sin embargo, a las tradicionales formas de gobierno.)), así como la crisis de los valores tradicionales -dinamitados por la Ilustración y por la Revolución americana, que también se había empapadado del ideal enciclopedista ((Ideal basado en la libertad, la separación de poderes y la soberanía nacional. La divisa "Libertad, Igualdad, Fraternidad" es la síntesis de todo un torrente de deseos y esperanzas y de la confianza, en suma, depositada en la creación de un nuevo orden basado en el progreso de la humanidad.))-, pronto iban a desembocar en un hecho que alteraría el orden establecido. Se trata de la Revolución Francesa, un episodio que estará llamado a engrosar los manuales de historia y a invadir las pantallas de cine. No en vano, el mundo ya no volvería a ser el mismo. Hay que prestar atención, empero, a las contradicciones que provocaron el estallido social. El estado llano o tercer estado, compuesto por la burguesía y las clases populares (que formaban una mayoría) pagaba la mayoría de los impuestos pero no disfrutaba de los privilegios que poseían la nobleza y el clero ((La desigualdad jurídica que distinguía a los privilegiados (aristocracia y clerecía) de los no privilegiados (burguesía, campesinado y pueblo urbano) se mantenía merced a la tributación que gravaba el excedente productivo que estos últimos asumían)). El modelo económico dominante se basaba, pues, en la servidumbre ((El régimen económico predominante era el señorial en el campo y el artesano-gremial en la ciudad.)), no en los medios de producción, que sí se preciaba de ostentar la burguesía. Todos esos ingredientes coadyuvaron al desencadenamiento de la revolución, pero no fueron los únicos. ¿Cabría imaginar el malestar que pudo provocar la exacción de impuestos a las clases privilegiadas? Y, ¿Qué decir de la enconada reacción social que tal malestar concitó? Tan cierto es que nada se da por ensalmo, como que el pueblo llano ardía en deseos de obtener la necesaria representatividad política. Pero, a tenor de quién orquestaría cuanto iba a suceder, ¿se puede hablar de una verdadera revolución popular? Mucho me temo que aunque el pueblo asaltara la Bastilla, a otros les correspondería tomar el poder. Pronto lo veremos. Los capítulos en los que se divide tan fecundo episodio histórico son los que siguen:
- Desencadenamiento de la Revolución Francesa.
- Etapa moderada. La Constitución de 1791.
- La Asamblea Legislativa (1791-1792).
- La Convención republicana y la caída de la Monarquía.
- La guerra y el terror.
Bibliografía
- CAPARRÓS LERA, José Mª. Historia del cine mundial. Rialp. Madrid, 2009.
- CAPARRÓS LERA, José Mª. 100 películas sobre Historia Contemporánea (2ª ed.). Alianza Editorial. Madrid, 2004.
- GARCÍA DE CORTÁZAR (dir.). El siglo XX. Diez episodios decisivos. Alianza Editorial. Madrid, 2004.
- JENKINS, Philip. Breve Historia de Estados Unidos (2ª ed.). Alianza Editorial. Madrid, 2005.
- KINDER, Hermann; HILGEMANN, Werner. Atlas histórico mundial (II). De la Revolución Francesa a nuestros días. Istmo. Madrid, 1999.
- LÓPEZ-DAVALILLO LARREA, Julio. Atlás histórico mundial. Desde el Paleolítico hasta el siglo XX. Síntesis. Madrid, 2003
- PRATS, J.; CASTELLÓ, C.; FORCADELL, Mª.; GARCÍA, C.; IZUZQUIZA, I.; LOSTE, Mª. A. Historia del mundo contemporáneo. Anaya. Madrid, 2000.
- SÁNCHEZ NORIEGA, José Luis. Diccionario temático del cine. Cátedra. Madrid, 2004.
- VV.AA. Imago Historia. Santillana. Madrid, 2002.
- ZINN, Howard. La otra historia de los Estados Unidos. Las otras voces. Hondarrivia, 2005.
Webgrafía
- http://es.wikipedia.org/
- http://iris.cnice.mec.es/kairos/ensenanzas/ensenanzas.html
- http://iris.cnice.mec.es/kairos/mediateca/cinemateca/contemporanea/contemporanea.html
- http://recursos.cnice.mec.es/media/cine/index.html
- http://www.diplomatie.gouv.fr/es/francia_3160/instituciones-y-vida-politica_3165/simbolos-republica_238/libertad-igualdad-fraternidad_95.html
- http://www.historiasiglo20.org/
- http://www.rae.es/rae.html
Filmografía
- América (David W. Griffith, 1924).
- El nacimiento de una nación (David W. Griffith, 1915).
- El patriota (Mel Gibson, 2000).
- Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1988).
- Revolución (Hugh Hudson, 1986).
- Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936).
- Un horizonte muy lejano (Ron Howard, 1992).
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