Juan Antonio Bardem fue uno de los máximos promotores de las I Conversaciones Cinematográficas de Salamanca, durante el transcurso de las cuales se debatió sobre la situación social del Cine Español, que no tuvo reparos en tachar de "...políticamente inefizaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico". Al efecto de dotar al celuloide de un cierto valor estético y social en lo que se dio en llamar "cine de mensaje", Bardem se apresuró a rodar y estrenar Muerte de un ciclista, filme que no tardó en levantar ampollas entre las autoridades más afectas al régimen, que, por otra parte, no simpatizaban demasiado con él debido a su filiación política. La película, que había sido catalogada como "gravemente peligrosa", obtuvo, sin embargo, un éxito de crítica indiscutible en el Festival de Cannes.
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