El cine histórico se adueñó de la gran pantalla desde que los hermanos Lumière dieron a conocer su ingenio en el Salón Indien du Grand Café de París el 28 de diciembre de 1895, con la proyección de L'arrivée d'un Train en gare à la Ciotat ("La llegada de un tren a la ciudad"). Por su intrínseca condición testimonial, el cine adoptó prematuramente, la categoría de documento histórico y, aunque la distinción formal que se establece entre cine de ficción y cine de no-ficción puede inducir a equívocos conceptuales, lo cierto es que el conocido genéricamente como "cine histórico" pertenece tanto a un género como al otro, dado que ambos son el producto de una época. No obstante esto último, el vídeo adjunto describe el género (o subgénero) con cierto maniqueísmo, pero con un loable interés didáctico.
Presentación
Allá por 1895 nacía el que Ricciotto Canudo ((En 1911, Canudo publicó su manifiesto "El Nacimiento del Séptimo Arte". Es considerado como el primer teórico del cine, al que clasificaba como una de las "artes plásticas en movimiento". El término "séptimo arte" fue usado por él por vez primera)) bautizaría como "séptimo arte", el cinematográfo. Pocos podían imaginar que el finisecular ingenio técnico-artístico nacido de la mano del hombre ejercería en lo sucesivo tal influencia sobre el imaginario colectivo. Tan es así, que, a tenor de ésta, Thomas Alva Edison llegaría al convencimiento de que la película acabaría reemplazando al libro tras declarar en una ocasión:
"Estoy gastando más de lo que tengo para conseguir un conjunto de 6.000 películas, a fin de enseñar a los 19 millones de alumnos de las escuelas estadounidenses a prescindir completamente de los libros." (Thomas A. Edison, 1912).
En la actualidad, el Cine, debido a su cualidad estético-conceptual y al valor testimonial que posee como documento histórico, ha adquirido, además, la categoría de herramienta didáctica, pues a través del análisis histórico-fílmico, podemos escrutar las pulsiones de una sociedad en un momento dado. No en vano, al decir del teórico del cine José Mª Caparrós Lera:
"El film es una fuente instrumental de la ciencia histórica, ya que refleja, mejor o peor, las mentalidades de los hombres de una determinada época. Además..., las películas pueden ser un medio para enseñar Historia. ((CAPARRÓS LERA, José Mª. 100 películas sobre Historia Contemporánea. Alianza Editorial. Madrid, 2004.))"
Asimismo, el cine de ficción no está reñido con el cine de no-ficción en lo que a su valor histórico atañe. Ambos nacen con vocación histórica, aunque, en el primer caso es implícita y en el segundo, explícita, al menos, en apariencia, porque, a decir verdad, la frontera entre sendos géneros es cada vez más tenue. Aparte de Sigfried Krakauer ((Sigfried Krakauer es autor de un polémico ensayo sobre el cine de la República de Weimar publicado en 1947 bajo el título De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán. Según su tesis, Krakauer creyó atisbar en el cine expresionista alemán el germen del nazismo.)), Boleslaw Matuszewski ((En marzo de 1898, Boleslaw Matuszewski sugirió, por primera vez, instalar un archivo destinado a alojar las futuras colecciones del Historia del Cine en la Biblioteca Nacional de Francia o en su defecto, en el Museo de Versalles. Aunque su propuesta fue tomada como un colosal disparate, se erigiría en adelante como el primer promotor de la historia del séptimo arte.)) o el insigne inventor, Thomas Alva Edison, el primer especialista en el estudio de la Historia a través del Cine es el historiador de la escuela de Annales Marc Ferro ((Marc Ferro es el impulsor del estudio de la Historia a través del Cine y, en especial, del estudio de las mentalidades. Robert A. Rosenstone -para quien el filme es una fuente de información primaria-, Marc Ferro y Pierre Sorlin son los mejores embajadores del género)). Gracias a todos ellos, se ha ido desarrollando una corriente historiográfica que ha permitido admitir que "el arte de las imágenes fílmicas es un testigo implacable de la Historia, un testimonio a tener en cuenta, tanto como medio para la investigación como material para la enseñanza de esta asignatura o interdisciplinaria con otras." ((Ídem, nota 2, pág. 20.)) Por todo lo expuesto hasta aquí, CineHistoria se propone retratar esquemáticamente la Historia del Mundo Contemporáneo y el Cine del siglo XX, porque sin él el arte y la cultura quedarían huérfanos.
NOTA: Para continuar leyendo las páginas sucesivas, diríjase al final de este apartado.
El fin de una era
El crepúsculo de la Edad Moderna es el preludio de la Ilustración ((Con un criticismo "kantiano", la "ilustración" sembró de incertidumbre los fundamentos ideológicos, morales y religiosos del Antiguo Régimen. En efecto, el siglo XVIII, también conocido como el "siglo de las luces" contraponía la razón a la superstición o el escepticismo al dogma eclesiástico. En la misma línea, cuestionaba, además, la legitimidad del absolutismo político, la sociedad estamental y el atavismo impuesto por la tradición.)), el estallido de la Revolución industrial y el advenimiento de incipientes potencias económico-políticas. La Revolución industrial supuso el tránsito de una sociedad agraria a una sociedad industrial y urbana, consolidó el capitalismo y el poder de la burguesía y engendró una nueva clase social: el proletariado. Asimismo, las ideas de los filósofos franceses ((También conocidos como "Les philosophes", uno de cuyos antecesores fue John Locke, quien, animado por la revolución inglesa de 1688 -tras la cual, parte del poder real se transfirió al parlamento-, defendía la restauración del "contrato social" como medio para demoler el absolutismo y cualquier otra forma arbitraria de gobierno.)) fueron rápidamente asumidas y escamoteadas por la burguesía, que necesitaba instaurar un nuevo orden jurídico-político para ocupar mayores cotas de poder con el fin de controlar y desarrollar su propia actividad económica. El crecimiento económico de las sociedades más industrializadas creó la necesidad de buscar nuevos mercados y yacimientos susceptibles de ser explotados, lo cual dio origen al Imperialismo, caracterizado por el expansionismo territorial y la hegemonía política subsiguiente.
La eclosión humanístico-científica en que desembocó la Ilustración, emana del racionalismo ((Doctrina filosófica que sostiene que la realidad es comprensible a través de la razón.)) y del empirismo, ((Doctrina filosófica que toma la experiencia como única base de los conocimientos humanos.)) del imperio, pues, de la razón sobre la fe frente a cualquier forma de imposición ideológica, religiosa o moral. Ávidos de conocimientos y deseosos de difundirlos entre profanos y no tan profanos, los ilustrados no sólo alimentaron con sus tertulias el intercambio de impresiones en confortables salones de corte aristocrático, sino que estimularon, además, la venta de libros y de periódicos, con el consiguiente desarrollo de la opinión pública ((Durante el siglo XIX se fueron configurando las que hoy conocemos como "corrientes de opinión pública", germen de los partidos políticos. Las numerosas tertulias y la aparición de periódicos contribuyeron a ello. En Gran Bretaña se fundó el primer periódico diario en 1702, y en 1780 ya existían 188 publicaciones de diverso tipo. El Journal de París fue, desde 1777, el primer diario nacional francés, y en 1789 se publicaban en Francia 169 títulos.)). Los diferentes campos del saber fueron reunidos en "La Enciclopedia" (("La Enciclopedia" era un compendio de los conocimientos que hasta esa época se habían alcanzado, pero también proponía una crítica de las instituciones políticas y de las ideas religiosas, y un rechazo de los dogmas, de la autoridad y de la tradición.)), dirigida por Diderot y D'Alembert, que se abrió camino cómodamente entre las sociedades científicas de toda Europa. Animados por tal alud de conocimientos, los monarcas ilustrados crearon centros de saber experimental, como museos, observatorios o jardines botánicos, al tiempo que se fomentaban las expediciones científicas. Por si no fuera suficiente, Voltaire, Montesquieu y Rousseau, principales adalides del movimiento, establecerán algunos de los más sólidos principios sobre los que se asienta la democracia actual. De entre ellos, Montesquieu (cuya doctrina inspiró la Constitución norteamericana de 1787 y la mayoría de las constituciones europeas del siglo XIX) es el más valorado, puesto que formuló la teoría de la división de poderes ((La concepción política que tenía Montesquieu era, pese a todo, sensiblemente diferente a la actual, pues sostenía que el poder debía estar en manos de los que entonces eran, supuestamente, los mejor preparados: los aristócratas.)):
- Poder legislativo: encargado de elaborar leyes, recae en el Parlamento.
- Poder judicial: encargado de administrar la justicia, debe estar en manos de jueces y tribunales.
- Poder ejecutivo: destinado a hacer que la ley se cumpla, debe estar encarnado en el Gobierno.
Con todo, Mientras que Voltaire ((Voltaire fue, además, el primero que difundió en Francia las ideas de Locke y de otros autores ingleses.)) propugnaba la popularización de la educación como motor del progreso, Rousseau definía el Estado democrático como la suma de todas las voluntades individuales que, unidas por el contrato social, originan la voluntad general como fundamento de la soberanía y de la ley. Por su parte, la investigación científica estimuló el avance técnico, hecho que coadyuvó al desarrollo de los medios de producción con el desencadenamiento de la Revolución Industrial.
La Revolución Industrial
La Revolución Industrial, que se desencadenara en Inglaterra para extenderse, posteriormente, al resto de Europa y a países como Estados Unidos o Japón, tiene como detonantes el exponencial progreso técnico -espoleado por las teorías científicas que se formularon durante la Ilustración-, además del efecto económico que concitará la práctica del liberalismo. ((Doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural.)) Asimismo, parte del capital amasado por mercaderes y terratenientes se destinará a la construcción de fábricas, cuyo incremento atraerá masivamente a la población rural, fenómeno que acarrea, a su vez, un movimiento migratorio del campo a la ciudad y de unos países hacia otros. En las ciudades prolifera la de mano de obra barata: el proletariado, una nueva clase social que ofrece su trabajo a cambio de un salario. La actividad económica es frenética, la inversión crece ilimitadamente y las economías más industrializadas se preparan, en consecuencia, para la conquista del mundo.
El motor del cambio se atribuye al vapor, fuente de energía que reemplazará el taller por la fábrica, la yunta por la segadera o el caballo percherón por la locomotora. Así fue cómo la artesanía dio paso a la industria: James Watt introdujo el engranaje en la maquinaria fabril y George Stephenson inventó la locomotora a vapor. El ferrocarril y el barco de vapor, medios de transporte más evolucionados, acortarán distancias y darán pábulo a la prospección de nuevos yacimientos económicos cuya explotación subsiguiente incrementará la inversión de capital. Fruto de ese vertiginoso proceso de transformación económica, nace el capitalismo. El nuevo modelo económico se caracteriza por la producción industrial en cadena -cuyo clímax será el taylorismo ((Método de organización del trabajo que persigue el aumento de la productividad mediante la máxima división de funciones, la especialización del trabajador y el control estricto del tiempo necesario para cada tarea.))- y la concentración de capitales en pocas manos -distribuidos entre trusts ((Grupo de empresas unidas para monopolizar el mercado y controlar los precios en su propio beneficio)) y cárteles ((Convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial)) y amparados por Sociedades Anónimas y Bancos-.
Un nuevo orden
De toda esa vorágine de cambios surgió un nuevo orden mundial al que la sociedad hubo de adaptarse rápidamente. Burgueses y proletarios alterarían la tradicional división de clases, que dejaba de estar al servicio de una encorsetada jerarquía basada en la casta ((La desigualdad de derechos la determinaba la pertenencia a uno de los tres estamentos en que la sociedad estaba dividida: la nobleza, el clero y el pueblo, que en Francia se denominaba "Tercer Estado". El alto clero se reclutaba entre la nobleza, y sus miembros disfrutaban de los privilegios inherentes a estos últimos. El resto de la población (casi la totalidad) estaba formada por burgueses, artesanos, comerciantes y campesinos. Los sectores más acomodados pugnaban por la igualdad de derechos, lo que contravenía los intereses de la nobleza, que se resistía a perder sus seculares privilegios.)). Sin embargo, lejos de disminuir, el abismo entre ricos y pobres aumentó exponencialmente y en el mejor de los casos, se mantuvo igual. El maquinismo, cuya máxima expresión -como ya hemos señalado anteriormente- será el taylorismo, provocará la aparición de nuevas e irreconocibles reacciones conductuales como la alienación, trastorno mental que el Cine ha sabido recrear con sumo acierto ((Las reiterativas convulsiones que se adueñan de Charlot denotan que el operario fabril es un eslabón más de la cadena de producción, y, como tal, corre el peligro de ser devorado por la máquina, peligro al que él mismo sucumbirá.)). Tal es el caso de Tiempos Modernos (Charles Chaplin, 1936), filme que, por otra parte, denunciaba, no sólo las infrahumanas condiciones a las que estaban condenados los extenuados trabajadores de las fábricas, sino también, las tácticas de represión de las que harán uso los Estados más poderosos para sofocar cualquier revuelta social que pudiera poner en peligro los intereses de lobbies de reciente aparición. ((Grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses.)) A fin de evitar tal amenaza, la expurgación ideológica será en adelante una práctica constante. Así, el librepensamiento se tomará por subversión, que, por su propia naturaleza, podrá ser constitutiva de delito, lo que traerá consigo condena y represión. En el filme de Chaplin, se identifica intencionadamente, comunismo con sedición, pues la reivindicación colectiva de derechos sociales y civiles así se suele interpretar ((Escenas como la de Chaplin como cabecilla abanderando una protesta laboral y su posterior acusación de comunista así lo confirman.)). En otro orden de cosas, no es menos cierto que la posterior aparición de la clase media será la prueba fehaciente de que es posible el ascenso social. Poco a poco, pues, la Edad Moderna toca a su fin. Nace, en su lugar, una nueva era ((La agonía del Antiguo Régimen asalta el poder cuando una minoría de intelectuales decide revelar al mundo una gran estafa: nadie es propiedad de nadie pues todos son dueños de sí mismos. El miedo que causa la verdad, se expresa mediante estados de opinión envenenados, como el que recoge la actriz Glen Close cuando sentencia en Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1988), que la mayoría de los intelectuales son estúpidos. Así y todo, el proceso de cambio que empieza a operarse en la sociedad parece imparable. Las veleidades cortesanas, -impregnadas, en muchas ocasiones de una sensualidad de "sádica" inspiración- o el irredento regalismo, que se resuelve con la definitiva separación entre Iglesia y Estado tras el estallido de la Revolución Francesa (con la aprobación de la Constitución Civil del Clero), son certeramente recrados en el filme. Asimismo, el arte y la cultura como coartadas del "voyeurismo" retratan la decadencia de una sociedad que se regodea en el fariseísmo religioso o se engríe en la contemplación de representaciones teatrales, operísticas o literarias, en un gesto que demuestra que el entretenimiento está al servicio de la aristocracia, el único sustrato social con potestad para controlar el pensamiento)).
Estados Unidos... Un horizonte muy lejano ((El título "Un horizonte muy lejano" hace referencia al filme homónimo dirigido por Ron Howard en 1992 y protagonizado por Tom Cruise y Nicole Kidman. El filme evoca, a su vez, el Oklahoma land rush, una orden del Gobierno que decretó la ocupación libre de tierras en Oklahoma entre los años 1889 y 1890. El episodio al que dio lugar ha sido recordado por el Cine, aunque, todo sea dicho, no con mucha profusión. No obstante esto, Howard, en un alarde de patriotismo, rinde tributo a las tesis del historiador Frederick Jackson Turner, quien, en 1893, publicó una obra académica sobre la influencia de la "frontera" en la memoria colectiva estadounidense, que identifica la conquista del Oeste con la victoria de la civilización sobre la barbarie.))
Aunque la doctrina del "destino manifiesto" aún distaba de alojarse en la conciencia colonial estadounidense, bien es verdad, que, en otro orden de cosas, las Trece Colonias británicas de Norteamérica sí estaban consagradas, por el contrario, a segregarse de la metrópoli para, posteriormente, proclamar su independencia, toda vez que para ello recibirían el apoyo de Francia y de España, aunque más adelante la "Doctrina Monroe" blindara a la reciente nación de toda intervención extranjera, incluidos sus iniciales compañeros de campaña. George Washington fue el adalid de los sublevados gracias a cuya empresa, tras la firma de la Paz de Versalles ((El Tratado de París o Tratado de Versalles se firmó el 3 de septiembre de 1783 entre Gran Bretaña y Estados Unidos y puso fin a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Francia, por su parte, recupera Tobago, Santa Lucía y el Senegal, mientras que España recobra Menorca, la Florida y algunos territorios en Honduras, aunque no Gibraltar. Para Gran Bretaña, la pérdida de las Trece Colonias de América del Norte representa el declive del Imperio atlántico. Para los colonos simboliza la independencia del exterior, pues, a partir de ese momento, abandonaban su condición de súbditos para abrazar la de ciudadanos.)), nacería una nueva nación: los Estados Unidos de América ((A pesar de la polémica que concitó el estreno de El nacimiento de una nación (David W. Griffith, 1915) -una apología del Ku Klux Klan desnuda de complejos-, la obra es un valiente fresco del nacimiento de Estados Unidos. Para muchos es América (1924) la que, sin embargo, más se aproxima a este episodio de la historia americana.)). Pero, parafraseando a Jack el destripador: "Vamos por partes" ((Vid. el filme Jack el destripador (Robert S. Baker, 1959)). Desde el siglo XVII trece colonias poblaban la costa atlántica de Norteamérica de norte a sur. Sus habitantes eran, en su mayoría, puritanos y católicos ((Los primeros habitantes de la región fueron los llamados "padres peregrinos" (en inglés, Pilgrim Fathers). La denominación de "padres peregrinos" designa a los puritanos que huían de las persecuciones religiosas promovidas por el rey Jaime I. Los primeros asentamientos puritanos se establecieron tras atracar el Mayflower en Plymouth (Massachusetts) en 1620.)). En el Norte estaban Nueva Hampshire, Massachusetts, Connecticut, Rhode Island, Nueva York, Nueva Jersey, Delaware y Pensilvania, donde las principales actividades económicas eran el comercio y la industria. Las colonias del Sur eran Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. Su economía se basaba en las grandes plantaciones de algodón, tabaco y arroz, cultivadas por esclavos negros. ((Fue en esos ingratos latifundios donde el alarido del esclavo africano concibió el jazz, cuyo origen geográfico se remonta a la Luisiana de finales del siglo XVIII)). Las notorias diferencias económicas condicionarán, como veremos, las relaciones entrambos, pues la emancipación territorial no afirmó el sentimiento de unidad del joven pueblo estadounidenses, función que sí ejerció la asimilación que sufrió el Sur agrícola por parte del Norte industrial tras la única guerra civil que ha enfrentado mutuamente a los hijos del tío Sam.
Bibliografía
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- CAPARRÓS LERA, José Mª. 100 películas sobre Historia Contemporánea (2ª ed.). Alianza Editorial. Madrid, 2004.
- GARCÍA DE CORTÁZAR (dir.). El siglo XX. Diez episodios decisivos. Alianza Editorial. Madrid, 2004.
- JENKINS, Philip. Breve Historia de Estados Unidos (2ª ed.). Alianza Editorial. Madrid, 2005.
- KINDER, Hermann; HILGEMANN, Werner. Atlas histórico mundial (II). De la Revolución Francesa a nuestros días. Istmo. Madrid, 1999.
- LÓPEZ-DAVALILLO LARREA, Julio. Atlás histórico mundial. Desde el Paleolítico hasta el siglo XX. Síntesis. Madrid, 2003
- PRATS, J.; CASTELLÓ, C.; FORCADELL, Mª.; GARCÍA, C.; IZUZQUIZA, I.; LOSTE, Mª. A. Historia del mundo contemporáneo. Anaya. Madrid, 2000.
- SÁNCHEZ NORIEGA, José Luis. Diccionario temático del cine. Cátedra. Madrid, 2004.
- VV.AA. Imago Historia. Santillana. Madrid, 2002.
- ZINN, Howard. La otra historia de los Estados Unidos. Las otras voces. Hondarrivia, 2005.
Webgrafía
- http://es.wikipedia.org/
- http://iris.cnice.mec.es/kairos/mediateca/cinemateca/contemporanea/contemporanea.html
- http://www.historiasiglo20.org/
- http://www.rae.es/rae.html
Filmografía
- América (David W. Griffith, 1924)
- Amistades peligrosas, Las. (Stephen Frears, 1988).
- Nacimiento de una nación, El. (David W. Griffith, 1915).
- Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936).
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Por gentileza de Cinemanet.info (http://www.cinemanet.info/), CineHistoria ha tenido la oportunidad de reproducir un suculento artículo del Prof. Caparrós, que versa sobre la Historia del Cine. Tenga a bien el lector saborearlo con detenimiento:
En este primer artículo, me propongo sintetizar la historia del Séptimo Arte con las mínimas palabras. A modo de travelling, ofreceré una breve panorámica del cine mundial, haciendo hincapié en cómo ha evolucionado el arte de las imágenes. En dos tiempos: primero, en el mundo; segundo, en España. Y con menos de mil palabras, en cada apartado.
MUNDO
Como todo aficionado sabe, el Cinematógrafo nació oficialmente en 1895, con la proyección pública de los hermanos Lumière en París, el 28 de diciembre. Pero había antecedentes notables: Edison, en Estados Unidos; Skladanowsky, en Alemania. Los inventores franceses “vencieron” porque, como fabricantes de placas y máquinas fotográficas, ya tenían el mercado abierto.
Pero el cine nació como “curiosidad científica”. Lumière no vio la trascendencia que tendría como espectáculo. Tuvo que llegar el maestro Georges Méliès para que comenzara a desarrollarse el Cinematógrafo: surgieron los primeros géneros y trucos fílmicos.
La industria apareció en Francia de manos de dos empresarios: Charles Pathé y Léon Gaumont, que arruinaron a Méliès. Y pronto el cine adquirió entidad como “teatro filmado”, gracias también a la corriente del Film d’Art. El género histórico italiano fue sustituido por los dramas sociales; mientras, el cine norteamericano se empezaba a desarrollar en Hollywood gracias a las primeras productoras y los maestros que establecieron el lenguaje del arte de las imágenes, especialmente David Wark Griffith. Con todo, hubo antecedentes en Inglaterra -la Escuela de Brighton intuyó la sintaxis del naciente Séptimo Arte- y en los países nórdicos, después con el maestro Dreyer a la cabeza.
La Primera Guerra Mundial desplazó la preeminencia europea a los Estados Unidos. Aun así, Alemania dio a luz en los años veinte una de las corrientes más importantes: el expresionismo. Al mismo tiempo, Francia destacaba con las primeras vanguardias -impresionista y el surrealismo- y la entonces Unión Soviética creaba una gran escuela, con el genial Eisenstein como principal figura. En esos años también se consolidaría Hollywood como Meca del Cine, con los primeros albores del cine “sonoro” y maestros del género cómico tan relevantes como Charles Chaplin y Buster Keaton. También el documental tuvo maestros como Robert Flaherty.
Los años treinta, a pesar de la Depresión, gozó de una época dorada en Estados Unidos: se desarrolla el film “parlante”, la comedia y el género musical… y, finalmente, el color. Las películas de Frank Capra retrataron como pocas aquella época de crisis. Y John Ford logró la renovación del género western. En Francia, la vanguardia del realismo poético tuvo a Jean Renoir y René Clair como cabezas de fila.
Aun así, tuvo que llegar la Segunda Guerra Mundial para que el cine incidiera más en la propaganda, tras la ideologización de las dictaduras nazi y fascista, y también estalinista. Asimismo, el cine de gángsters reflejaría la crisis de este período bélico. Y apareció otro genio del Séptimo Arte: Orson Welles.
Pero en plena posguerra surgiría el movimiento más crucial de la historia: el Neorrealismo italiano. Fue un giro copernicano en el cine mundial: los directores bajaban con las cámaras a la calle para captar la realidad cotidiana, los problemas de la gente corriente. Y ahí están los grandes filmes de Roberto Rossellini y Vittorio de Sica como paradigmas. También se desarrolló el cine oriental, con maestros como Kenji Mizoguchi y Akira Kurosawa, en Japón; a la vez que en Suecia apareció otro maestro: Ingmar Bergman.
El cine social norteamericano fue cercenado por la tristemente célebre “caza de brujas” del maccarthismo. Pero se consolidaron el cine “negro” y de “suspense” como testimonios de un período. Nombres como los inmigrados Fritz Lang y Alfred Hitchcock realizaron algunas de las películas más representativas.
La generación de la Televisión desplazó a la llamada “generación perdida“, que tuvo que emigrar a Europa; al tiempo que en el Viejo Continente se produciría la revolución de las “nuevas olas” de los sesenta: intelectuales que se lanzaron a renovar el cine de cada país: Nouvelle Vague, en Francia; Free Cinema, en Gran Bretaña; Nuovo Cinema, en Italia; Joven Cine, en Alemania; Nuevo Cine, en España… hasta el cine del “Deshielo”, en los países del Este. La idiosincrasia y problemática de cada nación se plasmó en la pantalla.
Asimismo, durante esa década, nació el Cinema Nôvo brasileño, junto al desarrollo de la producción en los países de América Latina, especialmente Argentina y México. En este último país desarrollaría parte de su obra el español Luis Buñuel. También fue el despertar de Canadá y, luego, del cine australiano.
El cambio y la primacía que supusieron los movimientos de los años sesenta fue de algún modo compensado por el New American Cinema, germen del cine underground y, más tarde, por los filmes “contestatarios” USA, con firmas como Robert Altman y Arthur Penn. Mientras en Europa se imponía el género político, de manos del pionero Costa-Gavras, junto a Francesco Rosi y Gillo Pontecorvo, entre otros autores italianos.
Tendrían que llegar los años ochenta-noventa, para que el cine cobrara visos más esteticistas y volviera el espectáculo tradicional. Pronto destacaría una nueva tríada norteamericana: George Lucas, Steven Spielberg y Francis Ford Coppola, quienes sustituyeron al género de consumo “catastrofista” que había imperado también en Hollywood. La Meca del Cine recuperó así la preeminencia mundial. Y las salas europeas se vieron invadidas por las producciones estadounidenses, que acaparan las pantallas de todo el mundo. Sólo el despertar oriental -la India, con sus películas de Bollywood; China, con los filmes post-Mao; Japón, con su última ola; e Irán, con la escuela de Abbas Kiarostami- opondría cierta resistencia.
En la actualidad, el cine digital -con las copias en DVD o Blue-Ray- y el fenómeno del Internet -el público puede “bajarse” las películas a su ordenador- anuncian una nueva era, donde el film tradicional peligra de extinguirse, si no fuera por la revolución que pronto significará el 3D.
Suerte que quedan firmas innovadoras como los hermanos Coen o los Dardenne, por citar sólo un binomio de cada continente, que, junto a manifiestos como el danés Dogma 95 y grandes clásicos como Clint Eastwood, ofrecen posibilidades para que el Cinematógrafo perdure como siempre fue: el arte de las imágenes en movimiento.
ESPAÑA
Hoy en día, todavía se discuten los verdaderos orígenes del cine español. Las recientes investigaciones de Jon Letamendi y Jean-Claude Seguin han descartado que las famosas Salida de misa de 12 del Pilar de Zaragoza, de Eduardo Gimeno, y Riña en un café, de Fructuós Gelabert fueran las primeras películas autóctonas. Con todo, algunos historiadores aún arrastran esos títulos como los pioneros.
Lo que sí está claro es que el catalán Gelabert y el aragonés Segundo de Chomón fueron los que inauguraron las primeras escuelas de la cinematografía española: la realista y la fantástica, respectivamente, a principios del XX.
Los años diez del pasado siglo fueron artesanales -no cabe hablar de una industria de cine en España-, siendo Barcelona el principal centro productor del país, como vemos por las amplias filmografías de Albert Marro y Ricard de Baños, entre otros pioneros catalanes.
Mientras que en la década de los veinte aparecen las primeras inquietudes artísticas y socio-culturales, de manos de los después maestros Florián Rey y Benito Perojo, así como el nacimiento de los cine-clubs y el surgimiento de los primeros críticos importantes (Juan Piqueras, Josep Palau, César Arconada, Miguel Pérez Ferrero, Luis Gómez Mesa, Manuel Villegas López, Sebastià Gasch y Antonio Barbero).
Sin embargo, tuvieron que llegar los años treinta para que el cine español empezara a hablar definitivamente. De ahí que la primera película “sonorizada” fuera La aldea maldita. Pero, si nos atenemos a la producción del período 1918-1930, con títulos tan destacables como Luis Candelas, o el bandido de Madrid (Armand Guerra, 1926), La malcasada (Francisco Gómez Hidalgo, 1926), Las de Méndez (Fernando Delgado, 1927), Zalacaín, el aventurero (Francisco Camacho, 1929) o Prim (José Buchs, 1930), no podemos ratificar simplificaciones como la que llevó a escribir al antiguo Director General, José María García Escudero: “Nuestro cine es un pueblo: la andaluzada, la baturrada, la madrileñada, la zarzuelada” (1954).
Cuando Francisco Elías montó en Barcelona los Estudios sonoros Orphea Film, volvió la Ciudad Condal a protagonizar el cine español. Y pronto nació una pequeña industria, con productoras tan boyantes como la valenciana CIFESA y la madrileña Filmófono, para la que trabajó Luis Buñuel.
Así, la II República recién nacida también tuvo su título propagandístico: Fermín Galán (Fernando Roldán, 1931), que “cantaba” al héroe del frustrado golpe de Estado de Jaca (1930). Fueron los años en que los referidos Florián Rey y Benito Perojo dieron a luz sus mejores películas. Una época dorada, calificada así por Gasch y la gran “estrella” Imperio Argentina, que llevó a Luis García Berlanga a definirla con estos términos: “El cine español ha tenido dos edades de oro. La primera fue durante la República, con la llegada del cine sonoro y el surgimiento de una industria con productores, técnicos y estudios. Todo ese proceso lo truncó la Guerra Civil” (1999).
Ciertamente, la Guerra Civil española acabó con el florecimiento de la naciente industria del cine nacional, pues los partidos políticos se ocuparon más de la propaganda, por difundir sus idearios, y no tanto por mantener la endeble infraestructura para que el cine español perdurase tras la contienda, “ganara” quien ganara… Con todo, en esos años bélicos, surgiría una escuela documental que no ha tenido parangón hasta el actual auge del género.
El largo túnel del franquismo, los cuarenta años de dictadura, no fueron tan negros en materia cinematográfica, como puede observarse por algunas películas interesantes: que van desde la mera propaganda política (Raza) hasta el cine histórico de cartón-piedra. Tras la triste Autarquía, el cine español -como el mundial- también hizo un giro copernicano hacia temas sociales, sobre todo con esas obras maestras que son Surcos (J. A. Nieves Conde, 1951), ¡Bienvenido, Mìster Marshall! (Luis G. Berlanga, 1952) y Muerte de un ciclista (J. A. Bardem, 1955), película que se proyectó en las célebres Conversaciones de Salamanca. Ésta es la segunda edad de oro que señalaba Berlanga.
Aquel encuentro cinematográfico en Salamanca (1955) está considerado como la primera reunión de la oposición a la Dictadura franquista, y allí Juan Antonio Bardem pronunciaría su famoso discurso: “El cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”. Además, se pusieron las bases al nacimiento del Nuevo Cine español en la década siguiente; “nueva ola” promovida desde el poder, paralela a las europeas de los años sesenta. En Cataluña, también la denominada Escuela de Barcelona tuvo cierto protagonismo en esa época.
En el tardofranquismo, Carlos Saura destacó con un cine críptico y más intelectual -junto a Víctor Erice (El espíritu de la colmena) y Manuel Gutiérrez Aragón (Habla, mudita), entre otros-, mientras se mantenían los géneros más populares, con el llamado cine del “destape” y de la “tercera vía”.
La muerte de Franco supuso el inicio de un cambio en la cinematografía española. En los años de la Transición surgieron dos corrientes: el cine “revanchista”, con especial incidencia en temas sobre la Guerra Civil y la Dictadura, y el renacimiento de las Autonomías, sobre todo de Cataluña y el País Vasco, con películas en lengua vernácula.
Después, cuando llegaron los socialistas al poder por vez primera, apareció el cine del “desencanto”, porque la endeble industria cinematográfica española siguió sin infraestructura y asimismo viviendo de las subvenciones y el “amiguismo” ya establecidos por el sistema franquista.
No obstante, en estos últimos años de democracia -pese al colonialismo de las películas estadounidenses- el cine español sería reconocido con diversos Oscars de Hollywood (José Luis Garci, Fernando Trueba, Pedro Almodóvar y Alejandro Amenábar, como directores; y Javier Bardem y Penélope Cruz, como intérpretes) y una joven generación de cineastas -con bastantes mujeres directoras- ha irrumpido en las pantallas del país con cierta aceptación por parte del público.
Al efecto de promover la Historia a través del Cine, mediante el proyecto CineHistoria, se proponen múltiples recursos didácticos como el que se presenta a renglón seguido. Se trata, ni más ni menos, que de un modelo de unidad didáctica diseñado para la elaboración de críticas de Cine Histórico (o con vocación histórica).
Los apartados de que ésta se compone, deben responder al proyecto curricular del centro. Asimismo, el contenido de cada uno de ellos también debe guardar relación con el temario en curso o, como poco, con el episodio histórico en el que el filme elegido se inscribe. A continuación, veamos el modelo desglosado:
- Nivel educativo: según éste, se propone la elección de un filme dotado de un valor estético y conceptual de fácil aprehensión para el alumno, cuya incidencia en éste depende de factores como la extracción social del grupo u otros condicionamientos.
- Objetivos didácticos: no se trata aquí de aprenderse la trama del filme, sino de enseñar Historia con ayuda de él. Ello significa que el filme debe servir a nuestro propósito, que es, por encima de todo, enseñar Historia (principalmente, Historia Contemporánea).
- Contenidos: en este apartado se incluyen los contenidos históricos en los que éste se ambienta. Llegados a este punto, el docente tiene ante sí la oportunidad de descifrar el contenido implícito y explícito de la diégesis, así como de detectar los errores, licencias y anacronismos en los que el realizador haya incurrido.
- Actividades previas: condición sine qua non del análisis histórico del filme es el aprendizaje previo del temario impartido en el aula (o fuera de ella). A tal fin, se suman ingredientes como una cronología histórica, susceptible de complementarse con hechos históricos coetáneos pertenecientes a otras disciplinas.
- Actividades posteriores: tras la proyección de la película, el alumno debe responder a una batería de preguntas relacionadas con la trama y con todas aquellas referencias históricas a las que ésta se circunscribe. Si se trata de un biopic, hay que subrayar la influencia histórica del personaje protagónico.
Tras una exhaustiva evaluación, bastará con que el alumno haya aprendido con ayuda del Cine el contenido pacial o total de la lección, cuyos conocimientos pueden ampliarse con actividades transversales como: visitas a un museo o consultas en bibliotecas, hemerotecas y videotecas. Para más información, se recomienda la visita de este enlace: http://www.cinehistoria.com/?page_id=52.
Tras el II ciclo de cine Fets Contemporanis a la Pantalla de Banyeres del Penedès (Tarragona), hoy presentamos la exposición en diapositivas de El Gran Dictador (Charles Chaplin, 1940), a cuya crítica se puede acceder a través del apartado de Cine Histórico de CineHistoria.
El pasado día 2 del presente mes de octubre se inauguraba en Banyeres del Penedès (Tarragona) el II Curso de Cine, organizado por el ayuntamiento de la localidad y dirigido por Film-Història, bajo el auspicio del Doctor en Historia Contemporánea D. José Mª Caparrós Lera. Hogaño, CineHistoria presentará el filme El gran dictador (Charles Chaplin, 1940) en el marco de los totalitarismos europeos. En breve, se publicará en el sitio web homónimo la presentación en formato digital del mismo (Power Point). Invitamos a quien lo desee, a asistir al cinefórum posterior a la proyección de la película. Exponemos, a continuación, la agenda del curso y la dirección del centro en el que éste se imparte:
Ayuntamiento de Banyeres del Penedès
AGENDA____________________________________________________________________________
II CURS DE CINEMA – FETS CONTEMPORANIS A LA PANTALLA: VIERNES 2 DE OCTUBRE
• A las 19h., en el Centro Cívico Ernest Lluch
I. LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Por Juan Vaccaro, Centre d’Investigacions Film-Història (UB)
Proyección del filme Adiós a las armas (1932), de Frank Borzage
VIERNES 16 DE OCTUBRE
• A las 19h., en el Centro Cívico Ernest Lluch
II. EL NACIONALISME CATALÀ
Por Juan Manuel Alonso, Doctor en Historia Contemporánea
Proyección del filme El coronel Macià (2006), de Josep Maria Forn
VIERNES 23 DE OCTUBRE
• A las 19h., en el Centro Cívico Ernest Lluch
III. ELS TOTALITALISMES EUROPEUS
Por Tomás Valero, Director de CineHistoria
Proyección del filme El gran dictador (1940), de Charles Chaplin
SÁBADO 24 DE OCTUBRE
• A las 19h., en el Centro Cívico Ernest Lluch
IV. LA POSTGUERRA ALS ESTATS UNITS
Por José María Caparrós, Profesor Titular de Historia Contemporánea y Cine (UB)
Proyección del filme Rebelde sin causa (1955), de Nicholas Ray
Clausura del ciclo.
CineHistoria anuncia la celebración del II Festival de Cine Histórico de Torrijos (Toledo), que tendrá lugar entre los días 16 y 21 de octubre. El hilo conductor del encuentro será la II Guerra Mundial a través de la gran pantalla. Ponemos a disposición del internauta el sitio web del ayuntamiento de la localidad: http://www.torrijos.es/destacados/view/id/117. Además, quien lo desee, puede descargarse el folleto a través del enlace siguiente: http://www.torrijos.es/content/docs/noticias/Festival%20Cine%20Historico%20Torrijos%20Triptico.pdf
